Trabajo

Pablo Mosquera
Pablo Mosquera EN ROMÁN PALADINO

OPINIÓN

29 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

La generación de nuestros padres, salida de las contiendas bélicas, se enfrentó con un país aislado, pobre, cargado de miseria cultural, en el que, poco a poco, se fueron desarrollando: industria, comercio, servicios y turismo. En esas facetas, el trabajo se estaba marchando del medio rural a las nuevas urbes, en aquella España del desarrollo. El empleo que se lograba tenía las características de estable, mal pagado y con una enorme cantidad de horas en las que el trabajador se exponía a toda suerte de riesgos profesionales para su salud.

Nuestra generación. La de la paz, que poco a poco viaja y se acerca a la sociedad del conocimiento, logra conectar este país con Europa, desarrollando la sociedad de los servicios y del ocio, cuyo máximo esplendor radica en poder trabajar desde muy jóvenes, lograr empleos estables y alcanzar salarios dignos con toda suerte de prestaciones sociales.

La de nuestros hijos se encuentra con un mundo en el que la caída del bloque oriental da rienda suelta al modelo capitalista de la globalización y la especulación, que hace añicos el Estado del bienestar social en el que los derechos sociales, consolidados en derecho positivo y práctica común, se transforman en meros asientos contables de una crisis en la que, para hacer frente a la deuda de las entidades financieras, se nos imponen prácticas austericidas que rompen el equilibrio entre clases sociolaborales.

De todo ello y mucho más, con la llegada de la derecha al poder, las reformas emprendidas van a salvaguardar los intereses y posiciones de las grandes compañías a costa del derecho a un empleo estable con salario digno.

En el momento presente, hay dos hechos de enorme calado. La reforma laboral abre un nuevo modelo de empleo, precario en la duración e insuficiente en el salario, con lo que la salida de la crisis será para unos pocos; los parados, pensionistas y trabajadores habrán perdido su poder adquisitivo, que les permitía vivir con dignidad en la sociedad del euro. De ahí que las cifras de creación de empleo, relacionadas con el presunto crecimiento económico, nada tengan que ver con el trabajo que garantiza el ejercicio real de la ciudadanía.

Por eso me ha gustado la primera diatriba del nuevo líder socialista, Pedro Sánchez, hacia Mariano Rajoy: «Usted pertenece a otra generación, que está fracasando». Nuestros hijos, nosotros mismos, necesitamos otra gente y otras ideas.