¿Por qué la guerra?


Esta es la pregunta que el famoso descubridor de la teoría de la relatividad, Albert Einstein, le hizo a su amigo, el no menos famoso sociólogo Sigmund Freud, ante los horrores de la primera guerra mundial, de la que ahora se cumplen cien años.

Albert Einstein preguntaba como la humanidad no había podido liberarse del flagelo de la guerra, ese fenómeno social de máxima violencia.

Preguntaba, ante los daños sufridos a nivel individual y colectivo que iban en aumento, a la par de los avances tecnológicos en su aplicación a las guerras.

La respuesta de Sigmund Freud fue pesimista y realista: Los seres humanos llevan inscrito en sus genes la violencia para lograr sus deseos y la forma de superar los instintos agresivos sería con la educación y logros culturales.

Pero a pesar de todos los avances en este sentido, todavía existen gentes que defienden las diferencias raciales, las injusticias y el fanatismo religioso, causas de conflictos armados y guerras.

Son gentes capaces de disparar a un avión civil, a unos niños que jugaban en una playa, de lapidar a una mujer en una plaza pública o secuestrar a doscientas niñas y crucificar a cristianos.

Esto se está haciendo en pleno siglo XXI, cuando se supone que la humanidad tiene los máximos avances sociales.

Queda mucho por hacer para que los conflictos se puedan resolver por medios pacíficos y superar los instintos agresivos irracionales, a favor de la racionalidad humana.

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