Avería en el motor externo


El Ministerio de Economía ha confirmado, con los datos de comercio exterior de los cinco primeros meses del año en curso, que el motor externo de la economía española empieza a dar signos preocupantes de agotamiento.

Por un lado, porque las exportaciones de mercancías no llegan a crecer ni al uno por ciento. Están prácticamente estancadas cuando hace un año por estas fechas crecían siete veces más. Apenas aguantan las exportaciones a la eurozona, mientras que caen hacia China, Brasil o el resto de Europa. Lo que pone en evidencia los efectos de una apreciación del euro que, de momento, no se ha enterado de las medidas aprobadas por el BCE para depreciarlo. El hecho de que las exportaciones alemanas sigan creciendo a buen ritmo no es una buena noticia para que se lo tomen en serio en el BCE.

Pero si lo que sucede con las exportaciones es preocupante, no lo es menos lo que sucede con las importaciones. Entre enero y mayo de este año han crecido un cinco por ciento, mientras que en los años previos se estaban reduciendo. Quiere esto decir que la tibia recuperación de nuestra demanda interna (consumo o inversión) se nos está drenando no en beneficio del empleo y la actividad interna, sino hacia China, Japón o la eurozona. Las importaciones españolas crecen en lo que llevamos de año a doble ritmo de lo que lo hacen en Alemania. Preocupante.

En su conjunto, y con casi la mitad del año transcurrido, el ministerio certifica que el saldo negativo de nuestra balanza comercial se ha duplicado respecto al volumen del pasado año. Hemos pasado de cinco mil millones de euros a diez mil. Se mire como se mire, son malas noticias para nuestra competitividad exterior, pero también para los efectos de la recuperación del consumo interno sobre el empleo.

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