T ermina el plazo para ponerse a disposición de Hacienda con su Agencia Tributaria. Coincide con el anuncio del ministro sobre modificaciones fiscales que pretenden dejar -al menos-, la carga impositiva de las clases trabajadoras como la encontraron antes de emprenderla a mandobles impositivos para incrementar los ingresos de un Estado entre la quiebra y la intervención de la Troika. No quiero recordar obviedades. La que liaron las entidades financieras, rescatadas a costa del sacrificio de todos los españoles. La falta de ética en quienes ganaron las elecciones con el compromiso de hacer todo lo contrario de lo que han hecho. Pero estos días en los que asalariados y pensionistas se enfrentan con la declaración de la renta, hay que recordar viejos proverbios dirigidos a la conciencia ciudadana y comparar castas, clases o niveles de responsabilidad ante las arcas públicas que conformarán los ingresos del Estado.
La declaración de los que recibieron sobre sueldos. Es decir, les pagó la institución pública -sueldos y dietas-, y les pagó el partido. Y es que lo de las incompatibilidades ya hemos entendido que se legisló para la plebe con exclusión de los patricios. La de los que recibieron donaciones por gestiones para beneficiar a quienes desde hace años dirigen corporaciones cuyas cuentas y beneficios dependen en buena medida del presupuesto público.
La de los «guaperas o «héroes nacionales» que cobran derechos de imágenes a través de una creativa ingeniería de sociedades interpuestas. Menos mal que la fatiga física y psíquica de la roja evitó redondear el ejercicio con primas por encima de los setecientos mil euros por cada par de botas.
La de quienes disfrutan de un fondo de pensiones, nada que ver con la pensión de un trabajador que ha cotizado más de cuarenta años, cada mes, cada nómina, y cobra su jubilación. Me refiero a toda esa tropa del Parlamento Europeo, cajas de ahorros, bancos, y otros lugares en los que nunca hace frío.
Los que, como un ex presidente de equipo de futbol, se pasaban por el arco del triunfo las obligaciones fiscales, laborales, Seguridad Social, aspectos societarios y contractuales, cobrando un sueldo a porcentaje de unos ingresos inflados para mejor proveer.
Dijo Forges: «¡País!».