Sobrecarga del cuidador


El cuidado de un familiar en situación de dependencia no es tarea fácil, se lo aseguro en primera persona. Agota física y emocionalmente. A veces, el cuidador se ve sobrepasado, desbordado por las circunstancias y no ve mejor salida que cometer una barbaridad. Esto explica, probablemente, los dramáticos sucesos que vienen ocurriendo últimamente, en los que un hijo asesina a sus padres mayores y enfermos y luego se suicida.

La ley de dependencia no puede ser el sueño de una noche de verano. Más allá de leyes, es la sociedad entera la que tiene que darse cuenta que el mundo de la enfermedad y de la dependencia está necesitado de una siembra de esperanza, de solidaridad, de escucha atenta, de abrazo fraternal. Quien tiene esperanza vive su situación de otra manera, se le ha dado un horizonte nuevo. Escribió Frankl que «lo más profundo del hombre no es el deseo de poder ni el deseo de placer, sino el deseo de sentido». Nuestros miedos, los fantasmas interiores que habitan en nuestras sombras, enmudecen ante la confianza básica en la vida. Hay que cuidar a los que cuidan y evitar así su claudicación. Hay que entrenar en el manejo del estrés, enseñando a conocer las propias emociones y límites, a pedir ayuda, a planificar las tareas cotidianas. Hay que llorar con ellos, cierto; pero también hay que provocarles una risa franca porque, con buen humor, las penas son menos penas.

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Sobrecarga del cuidador