Las reacciones bioquímicas suelen ir más lentas cuando hace frío; de hecho a 00 C van tan lentas que lo que sucedería en un pispás a 370 C, puede tardar horas, semanas o años. Lo mismo pasa con la congelación universitaria, que hace que la actividad docente e investigadora de la universidad vaya más despacio, pudiendo llegar a detenerse, aunque el problema de la universidad no sea solo térmico.
El presidente de la Xunta ha dicho que en Galicia se van a congelar las tasas universitarias, de modo que tendremos las universidades públicas más baratas de España. ¡Bravo! A esta congelación debemos sumarle la congelación/rebaja salarial, la congelación/disminución de los recursos para las actividades docentes e investigadoras, la congelación/revisión de la política de becas, la congelación/recorte de las plantillas, etc. En fin, que estamos congelados hasta el tuétano y el señor presidente es corresponsable de esta peligrosa e impredecible congelación.
Aunque sea impopular decirlo, creo que hay que subir las tasas universitarias para acercarlas a su coste real porque nada es gratis. Si sumamos a otros problemas estructurales de la universidad la congelación de las tasas y la disminución de la financiación universitaria, acabaremos teniendo un sistema universitario gallego depauperado, en decadencia. En mi opinión, en el tema de las tasas universitarias y las becas, lo que hay que garantizar desde los poderes públicos es que ningún buen estudiante se quede sin ir o estar en la universidad por motivos económicos.
Esta congelación de las tasas universitarias me parece un error, como también me lo pareció aquella decisión del Gobierno bipartito de la Xunta de «libros de texto gratis para todos». Aquella fue una extraña forma de progresismo, claro que de la progresía hipócrita que apoya la enseñanza y la sanidad públicas pero manda a sus hijos a colegios de pago y utiliza los servicios sanitarios privados, ya estamos hasta las narices. Cada uno es muy libre, si puede permitírselo, de utilizar lo público o lo privado, y no me parece mal, pero hay que ser consecuente con lo que se predica, sobre todo, si se es representante público.
Estamos muy mal acostumbrados y con estas medidas demagógicas mucha gente llega a pensar que la universidad es un derecho que todo ciudadano debe poder disfrutar de manera gratuita. Y esto no puede ser así. A la universidad no puede ni debe ir todo el mundo, solamente deben ingresar en la universidad los más capacitados y en un número compatible con una docencia de calidad. Tampoco todo el mundo puede ser un deportista de élite, escribir maravillosamente, o ser un astronauta, aunque se tengan enormes deseos de serlo. A las Olimpiadas o a la Luna solo van los más capacitados.
Yo, señor presidente, le felicitaré cuando vea que apoya la universidad pública de calidad, cuando vea que apoya decididamente la investigación científica, cuando afronte seriamente el reordenamiento del mapa de titulaciones de Galicia, cuando los criterios académicos se impongan a los criterios políticos y electorales. No crea que lo que veo en la otra orilla política me entusiasma; incluso pienso que la mayoría de sus rivales le superan en inoperancia y, de lejos, en populismo barato.
En fin, que mis deseos son que del congelador pasemos pronto a la nevera que, aunque sigue estando fría, al menos no nos congela. Si este tránsito térmico no se hace pronto, corremos el peligro de que la universidad pública ya no pueda reanimarse de la congelación y tengamos que mutilarla para que no se pudra completamente y desaparezca. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.