¿Y si Felipe también es republicano?

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

03 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

En un almuerzo con Suárez y Carrillo, el rey se mostró atosigado por la imparable deriva hacia lo normalidad en la que crecía su hijo. Creía el monarca que ese preocupante tránsito hacia la vulgaridad solo podía conducir al heredero a matrimoniarse con una corista o una periodista, oficios que en la mente del Borbón debían de tener hechuras similares y peligros análogos. Hoy sabemos que los miedos de Juan Carlos eran ciertos; Felipe acabaría casándose con una reportera vecina de Valdebernardo y esa normalidad que atormentaba al soberano se iba a convertir en marca de la casa. Si miramos diez años atrás podemos determinar que aquella boda en la Almudena, aquel enlace entre una estructura medieval como la monarquía y una mujer del siglo XXI como Letizia, iba a conducir a la jefatura del Estado hacia un callejón sin salida que hoy España contempla de frente a propósito de la abdicación. El matrimonio Borbón Ortiz ha reclamado su derecho a ser normal. A separar el trabajo del ocio; a enviar a sus hijos al colegio del barrio; a enfurruñarse en público; a ir a los conciertos de los 40 Principales y al restaurante peruano de moda. Lo común en una sociedad que ha tratado de pulirse para aproximarse lo más posible a una democracia moderna en la que, según nos han contado, todos somos iguales ante la ley. Y como la democracia, sobre todo, hace demócratas, cuarenta años después de haber sido tutelados hacia la transición los españoles hemos empezado a reclamar la literalidad del contrato social que se firmó tras la muerte de Franco.

Si Felipe y Letizia escrutan sus propias vidas y las de sus hijas, en algún punto del proceso han de toparse con la morrocotuda anormalidad institucional que significa la monarquía, y esa percepción ha de ser más evidente en una pareja que reclama para sí una consideración de ciudadanos con el mismo derecho a comprar en el Gadis que los demás. Y efectivamente, si somos de los que consideramos sagrada la igualdad, debemos concederle a la familia Borbón Ortiz ese derecho a compartir pulsiones vitales con quienes comparten tiempo histórico. A cambio, ellos deberán aceptar que a muchos de los demás las coronas nos rechinen. Juega el príncipe con otro inconveniente. Tanto quisieron asociar la legitimidad de su padre con el 23-F, construyendo un cuento de hadas que hoy se resquebraja, que el futuro rey deberá buscar otro desafío análogo que lo convierta en necesario para los españoles. Si no, siempre puede declararse republicano, como quizás ya lo sea la vida que reclama.

Fernanda Tabarés es la directora de V Televisión.