La República como meta ética

Esperanza Guisán AL DÍA

OPINIÓN

Pudiera ser el caso, aunque abrigo serias dudas. de que un tipo determinado de monarquía, pongamos por ejemplo la británica o, sin salir de casa, la española supusieran serias ventajas respecto a un Gobierno republicano, ventajas, por ejemplo, materiales, como mejorar las relaciones comerciales con el exterior, o sociales, como sería servir de nexo de cohesión o proporcionar un sentido patriótico de pertenencia. Insisto en que me resulta difícil admitir tales supuestos, pero aceptando por un momento lo beneficioso de una monarquía parlamentaria que reina pero no gobierna, quisiera compartir la indignación que me produce una Constitución como la ahora vigente en España, que se contradice alarmantemente, proclamando la igualdad de todos ante la ley y estableciendo al tiempo una serie de privilegios para un individuo en particular, el monarca, sin que se le hayan exigido méritos de ningún tipo que lo hagan merecedor de la autoridad moral y social, que lo convierten en el jefe del Estado hasta su muerte o voluntaria abdicación, y jurídicamente en un intocable. Repensar la República no supone necesariamente una llamada a Gobiernos pretéritos, ni es un intento de regreso a unos líderes determinados. Más bien, proclamar el derecho a un Gobierno republicano es avanzar hacia el futuro intentando apresar el derecho a la igualdad de todos los ciudadanos como posibles y elegibles regidores de la polis, en atención a sus cualidades personales intelectuales y particularmente morales. Reclamar la República es, simplemente, intentar alcanzar una imprescindible meta ética.