Tarda ya. Claro que el reparto de otra manera (a poder ser limpia, transparente, legal y en concordancia con la sociedad en la que vivimos) del dinero del fútbol es urgente. Hay que hacerlo cuanto antes o terminaremos por llamar a la competencia, pachanga. Estamos convirtiendo a las primeras categorías del fútbol español casi en partidos de fiesta de pueblo entre solteros y casados. Con todo el respeto. En Primera, más allá del Madrid, del Barcelona y del peleón Atlético, apenas se puede ver algo. Algunos minutos del Athletic, a veces, el Villarreal, y, de vez en cuando, la Real Sociedad. Lo demás mete miedo. Son como encuentros de Segunda División. Es como si las tres categorías hubiesen bajado un peldaño. Y es que buscar la diversión en Segunda pasa por jugadas, por casi segundos. Los que hacen los resúmenes de la llamada categoría de plata tienen que sufrir de lo lindo. ¿Cómo completar tres minutos de jugadas exquisitas en uno de esos enfrentamientos? Es imposible buscar donde no hay. Pero es que si viajamos a Segunda B nos encontramos directamente con Tercera. Es evidente que el hecho de que al fin se pinchase también la burbuja del fútbol ha influido en este bajón de juego. Pero o le ponen remedio o van a llevar al absurdo: sin rivales, no hay partidos. Es inútil la diversión.