Menudo espectáculo están ofreciendo a los sufridos vecinos del municipio de Ourense sus concejales. Por si fuera poco un alcalde dimitido tras su imputación, un gobierno de coalición deshecho por falta de entendimiento y un grupo de gobierno partido por la mitad por enfrentamientos personales y de partido, los elegidos para resolver los problemas de la tercera ciudad de Galicia aparecen en los medios un día sí y otro también por su afanosa dedicación a airear los trapos sucios del contrario y a amenazarse con acudir una y otra vez a los juzgados.
Si fuesen totalmente ciertas las acusaciones que se entrecruzaron en los últimos días, resultaría que Ourense tiene un alcalde que trapichea para arreglar las aceras de su casa con dinero público, un grupo de gobierno actual que adjudica obras de forma irregular a sabiendas, un grupo de gobierno anterior que compra a la empresa de un concejal altavoces para instalar en las calles y que además se sirven incompletos y se guardan en un almacén...
Podría ser un sano ejercicio de limpieza, si no se tratase de asuntos que datan de hace varios años y que deberían haber sido conocidos y denunciados en su momento.
Con su conducta difunden una magnífica imagen de Ourense hacia el exterior y van a lograr que los vecinos que los eligieron se convenzan de que los sucesivos gobiernos municipales se han dedicado con fruición a la chapuza y al mangoneo en beneficio propio y han llenado el Ayuntamiento de inmundicias que los actuales ediles se dedican a arrojarse mutuamente a la cara en lugar de ocuparse de los problemas de la ciudad.
Una brillante actuación.