Los comités de expertos los carga el diablo. Son un viejo recurso utilizado por nuestros gobernantes de distinto signo para lanzar globos sonda. Primero se elige a los sabios que lo componen, los más adecuados a los propósitos que se persiguen, y se les encarga un informe. En esta ocasión, la reforma fiscal, como dejando caer que es una mera cuestión técnica, neutra, y no una decisión política e ideológica de enorme calado. La comisión ad hoc elabora un tocho de casi 500 páginas en el que, entre otras medidas, recomienda subir el IVA de ciertos bienes, incluidos los de la cesta de la compra, del 10 al 21 %. Ese es realmente el objetivo, justificar la subida de este impuesto, el más injusto por definición, aquel que Rajoy decía en la oposición que aumentarlo es el «sablazo del mal gobernante a los ciudadanos». Pero, claro, si lo dicen los sabios habrá que hacerles caso. Así se va preparando a la opinión pública. Una forma de curarse en salud y cargarles el mochuelo a los expertos. Pero, además, estas comisiones permiten también escenificar los papeles de policía bueno y policía malo. Si los técnicos proponen x, el Gobierno siempre puede aprobar x menos uno. Si recomiendan gravar la primera vivienda en el IRPF o incrementar el tipo máximo del IVA al 23 %, se les enmienda la plana porque es «su» informe no el nuestro. De momento, lo que tenemos sobre la mesa es una promesa de bajar los impuestos, un informe encargado con toda la intención pero que no obliga a nada y unas elecciones a la vuelta de la esquina. Resta por saber lo único importante: cuál es la reforma que pretende Rajoy y cómo afectará a nuestros bolsillos. Es decir, todo. Pero el ivazo está en marcha.