La vida es una partida de póker que transcurre con reglas distintas según el garito donde te toque jugar, las cartas que te entren y los compañeros de timba que te acompañen. Una partida en la que apostamos, perdemos, ganamos, nos arruinamos, hacemos trampas, nos las hacen, lanzamos faroles y nos los echan. La suerte baraja las cartas.
La vida es un juego en el que por muchas manos que ganes al final siempre pierdes y la banca -cualquiera que esta sea- siempre gana. El juego es un principio inherente a nuestra naturaleza humana, nos afecta a todos y nos iguala en el resultado final. Una partida donde no existe el esperanzador «lo comido por lo servido» típico de los jugadores empedernidos; ni el consolador «a alguien le toca». Siempre perdemos.
Pero una vez que estas aquí hay que jugar, no queda otra, y no está de más conocer la opinión de los tahúres expertos.
Dan Harrington es un célebre jugador profesional de póker americano -aparte de un gran ajedrecista y próspero operador en el mercado de valores y el sector inmobiliario- conocido en los ambientes como Action Dan y seguido por mucha gente gracias a sus sabrosas sentencias sobre el arte del juego.
Uno de los consejos más lúcidos que da el gran Dan en uno de sus libros titulado Harrington on Hold?em y que resulta tan útil en el póker como en la vida es este: «Cuando te sientes a la mesa, observa detenidamente a tus contrincantes buscando localizar cuanto antes al pardillo de turno -siempre hay uno- porque ese será el primero en ser desplumado. En el caso de que no lo encuentres, no lo dudes: el pardillo eres tú».
Sabio consejo que llama a la estrategia de la humildad y a la necesidad de aceptar nuestras debilidades. Si uno se para a pensar, las grandes derrotas siempre se construyen sobre cimientos de soberbia o excesos de confianza.
Con permiso del maestro de Santa Mónica, hay otro aforismo que me atrevería a aportar: Cuando una conversación acaba con la frase clave «Así ganamos todos», párate a pensar que el que va a perder eres tú si aceptas el envite. Cuando firmes, consientas, pases por alto, ordenes o te hagas el tonto, si no es tu adversario, será un juez quien te de jaque mate.
Ahí están los Bárcenas, Millets, Urdangarines, Griñanes, Pujoles, Matas, Blancos, Baltares y demás tahúres domésticos. Se equivocaron al no darse cuenta de que cuando cambiaron de mesa y pasaron al reservado vip, los pardillos eran ellos. Por creerse que en el «así ganamos todos» de convolutos y pillerías político-administrativas no existe la derrota.
No va más. Póker de ases.