Visiones de España desde la trinchera

OPINIÓN

SeN LA fRONTERA

e entiende que Rajoy saque pecho. La primera parte de su mandato ha sido tan dura que resulta comprensible que se muestre satisfecho por la mejoría de ciertos indicadores macroeconómicos. La última alegría se la dio ayer mismo la Comisión Europea al elevar las previsiones de crecimiento. Por ello, es humano que, ante los primeros rayos de luz, haga alarde de optimismo. Ya lo hicieron otros antes que él, aunque entonces los criticó. Pero debe comprender el presidente que tan humano es que él se agarre a las cifras positivas como que los millones de españoles instalados en el desempleo o que se deslizan por la pendiente del empobrecimiento desconfíen y su triunfalismo les duela hasta en lo más profundo de su miseria. Hasta ahora, convenía un dibujo en negro para acentuar el peso de la herencia. Ocurre que entramos en período electoral y hay que cambiar la perspectiva y vender la esperanza de la recuperación. Que así sea. Pero debe comprender que los ciudadanos solo crean lo que ven. Cuando lo vean, porque la mejoría aún tiene demasiado claroscuros. Entre ellos, la cantidad de víctimas que se quedan en la cuneta: trabajadores apartados definitivamente del mercado laboral, jóvenes a los que se les niega el futuro, una sociedad más desigual, injusta y menos libre por reformas como las del aborto o la seguridad ciudadana. Rajoy tiene sus razones para dibujar una España en positivo. Otros las tienen para verla al reverso. Uno apela al futuro, otros al presente. Y cada uno en su trinchera.