Demasiado café

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

23 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Quizá ha llegado la hora de preguntarse si el «café para todos» en que se basa nuestro sistema autonómico ha sido un acierto o se ha convertido en el origen de todos los nuevos problemas. Recuerdo cuando, en los primeros momentos de la transición, numerosos expertos en materia constitucional hablaban de reconocer los Estatutos vasco, catalán y gallego, y dejar el resto al albur de la evolución histórica. ¡Pero había tanta prisa por reformularlo todo con el mayor consenso general que pasó lo que pasó!

No soy partidario de echarle la culpa a Adolfo Suárez y a Fernando Abril de que entonces corriese el «café para todos» con alegría de fasto inaugural o de gran hallazgo político. Porque esa idea fue bien recibida por todos y tuvo un respaldo muy mayoritario en las urnas. Sin embargo, lo que significaba, en términos de igualdad de las distintas comunidades autónomas, no tenía una base sólida, porque esa igualdad no era sentida como tal, sobre todo por vascos y catalanes. Nunca olvidaré a un conseller de Cultura de la Generalitat de Jordi Pujol que se levantó en una reunión privada y amenazó con ausentarse si se comparaba a Cataluña con La Rioja. Yo admiro a La Rioja, un pequeño paraíso, pero no por eso dejé de comprender la actitud montaraz de aquel conseller.

¿Café para todos y para siempre? Pudo ser una buena ocurrencia en su momento, pero hoy puede resultar demasiado café y tal vez algunos se inclinen por otra infusión más acorde con su ser. En esto se puede objetar lo que se quiera, pero también hay que escuchar a los demás. Los pasos dados a ciegas, como los que propició Zapatero respecto de Cataluña, son a la postre unos malos pasos. Los catalanes que han salido defraudados de ese proceso son los que ahora parecen más abonados al independentismo. ¿Cuál es la salida? La hay y pasa por el diálogo. Ningún maximalismo debe consentirse ni imponerse. Rechazar el independentismo no significa defender el café para todos. Ni Suárez y Abril dijeron que este fuese para siempre.