Se cumple un año

OPINIÓN

Con la fineza, sensibilidad y firmeza que han caracterizado su trayectoria vital, Benedicto XVI sorprendía hace un año a propios y extraños: «Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino [?] Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma». Hace falta mucha humildad y querer mucho a la institución para hacer semejante renuncia.

Esta decisión dio paso al huracán Francisco. Han sido muchos ya los gestos y las decisiones proféticas de este papa. Pero, sin duda, los próximos meses van a ser cruciales para ver hasta dónde es capaz de llegar en la reforma de la Iglesia.

Por lo que respecta a España, dos son las decisiones importantes que debe adoptar: me refiero a los nombramientos de obispo para Madrid y Barcelona. Necesitamos dos obispos que, como él, huelan a oveja, que no teman el contacto con la gente, que tengan madera de líder, que no sean eclesiásticos sino pastores. En definitiva, que sirvan de correa de transmisión para que los cambios que quiere Francisco para la Iglesia universal se produzcan también en España, para arrastrar tras de sí a estos obispos nuestros, un tanto apocados, temerosos y faltos de coraje.