Galicia, Pemex y Gas Natural


En su momento celebré la entrada de inversión extranjera directa en Novagalicia Banco y en Barreras. Y además sostenía que tanto mejor siendo atlántica, desde países con los que tenemos mucho en común. Bueno sería que al grupo se sumase cuanto antes Brasil.

Incluso pudimos comprobar que lo que dentro de España nadie quería comprar, o comprarlo por mucho menos, era apetecido desde fuera. Pero ahora, con los encargos de Pemex a los astilleros gallegos supimos algo más. Que la inversión directa extranjera empieza a venir acompañada de un impulso a nuestras exportaciones y al empleo. ¿Alguien da más? Desde luego no da más Gas Natural, que, después de hacerse con Unión Fenosa (es decir, con la joya de la corona que es la energía hidráulica gallega), decidió recientemente no encargar varios buques gaseros en nuestros astilleros. Es lo que se llama una responsabilidad social auténticamente patriótica. Supongo que basada en sesudos pliegos de condiciones competitivas que conducen a Asia. Nada que ver con el mercado cautivo con el que en Estados Unidos protegen parte de su cartera de pedidos para el naval.

La cosa no es baladí, porque las empresas españolas de la energía debieran estar llamadas a impulsar una demanda de equipos para energías renovables que Navantia está en condiciones de fabricar tan bien como el que más. Son cosas que no pasarían si en vez de tener tantos ex altos cargos españoles (ministros, presidentes) alimentados en ciertos consejos de administración, tuviésemos un Gobierno que se tomase en serio aquello del modelo productivo y no digamos algo tan exótico como una política industrial. Que pregunten en Corea, Alemania, Japón o en Estados Unidos.

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