Hace poco estuvo por Galicia. En Compostela. Dando tralla. Es electricidad pura. Pero una energía con magia. Es La mala Rodríguez. Tiene lo mejor de Jerez y lo excelente de Sevilla. Todo en ella es frontera. Rapera con gusto. Ahora canta Bruja y sabe cómo hacer para que un concierto se convierta en una explosión de júbilo y rabia. Tiene poderío. Y saber pasar del hip-hop al reggae y a lo que haga falta para que los sentimientos lleguen y lo inunden todo. El tema 33 pone a los hombres despreciables en su sitio. Esta chavala descarada que empezó desde la nada ya tiene su Grammy Latino. Y es que La mala Rodríguez es muy buena. Sabe ser azote y látigo y volverse sensual como una ese cuando el cuerpo se lo pide. Dice que en su último trabajo se gusta: «Me siento fuerte y muy poderosa. Estoy en paz, muy bien conmigo». Gustan esas mujeres que saben cumplir años y que disfrutan con su lugar en el mundo, con su sitio bajo el sol y las estrellas. La mala Rodríguez ha madurado como pocos artistas. Es sensata sin dejar de ser una revolución en marcha. A La mala Rodríguez la conectas a la red eléctrica y le da luz a toda España.