Humildes y trabajadores, también honestos. Así eran la mayoría de los padres de los hombres y mujeres que ya hemos cumplido los cincuenta: esos que nacimos cuando el franquismo hablaba de planes de desarrollo que solo desarrollaron la franja catalana y las provincias vascas, curiosamente coincidentes ambas con las Españas que quieren la secesión. En un día como hoy nos abrazábamos al plumero de indio, las pistolas de cowboy y pensábamos que la vida no iba más allá del barro de nuestras botas. Estudiábamos mucho, porque ese era nuestro trabajo. Y apenas sentíamos misericordia por ellos, nuestros padres. Se levantaban a las seis de la mañana. Los míos nunca se fueron de vacaciones a ninguna parte. Salir adelante era más difícil, como lo ha sido siempre, para los modestos. Al otro lado estaban los que supieron aprovecharse de todos los sistemas, el de antes y el de ahora. Los listos ingresaron a menudo en política. De ella se aprovecharon y aprovechan. Pero no son todos iguales. Yo creo que hay políticos honrados, la mayoría. Ojalá hoy se despertasen sin carbón en las zapatillas. Yo las dejaba en el balcón de niño. Y juro que pondría de nuevo el plumero de indio si me llevasen al pasado. Honraría a mi padre y a mi madre como se merecen. Más, sin duda, de todo lo que les he dado a lo largo de mi vida. Ojalá los Reyes Magos les hayan traído salud. Es un vals muy corto.