A contracorriente


Como dice Fitzgerald que son las vidas, un nadar contracorriente, así es el pensamiento de Moisés Naím, autor del libro El fin del poder que tanto ha gustado a ex poderosos como Bill Clinton. Naím se sale del discurso habitual y define los tiempos que vivimos de una manera distinta. Cuando más se repite que el mundo está en manos de cuatro grupos de presión que no tienen ni rostro, más les contradice este pensador con su teoría que el poder es cada vez más fácil de obtener y más difícil de usar. Dos son los ejemplos mantra de Naím: la renuncia de un Papa, la primera en setecientos años; y la amenaza incumplida de Obama de atacar Siria, que no pudo llevar a cabo. Ni el obispo de Roma ni el presidente de Estados Unidos son libres de actuar. Eso es lo que define el cambio de ciclo en el que estamos. Y ¿cuál es la causa? Pues tres: el más, la movilidad y la mentalidad. De todo hay más (más países, más partidos, más tecnología, más religiones...). Todo se mueve sin parar (es difícil fijar algo, las fronteras se han diluido). Hay una nueva mentalidad (más proclive a ir contra el autoritarismo, con ganas de conocer y aceptar a los diferentes). Ojo, Naím corona su propuesta contracorriente con otro presupuesto: no es verdad que Internet y las redes sociales sean la clave. Han ayudado, pero son cara y cruz (son tecnologías de liberación y de represión, los usan los buenos y los malos). Lo que está cambiando es el mundo.

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