Es fascinante la escalada política de esa señora que José Antonio Griñán se sacó de la manga en Andalucía. Ha sido llegar y besar el santo. Ha pasado de las Juventudes Socialistas a ser el valor más importante del socialismo español. No se recuerda un fenómeno similar. Les estoy hablando, naturalmente, de Susana Díaz, ahora proclamada secretaria general de la federación más importante del PSOE y de la que se puede decir literalmente que puede ser y hacer lo que se proponga. Puede descabalgar a Rubalcaba o hacerlo el próximo candidato. Puede decidir quién será su sucesor o sucesora. Puede hacer temblar la estructura del principal partido de la oposición o hacer que tenga una transición tranquila hasta las primarias. Eso es lo que quiso decir el propio Rubalcaba al hablar de su poderío. «El poderío de Susana», afirmó con una expresividad que ignoro si encerraba recelos, envidia o admiración.
Poderío es dominio, señorío, fuerza y vigor. En la mujer, esa cualidad que la convierte en dueña de la escena, en una combinación de lozanía y autoridad. A veces el poderío se sitúa en el pecho a efectos eróticos y en el andar: «pisa, morena, pisa con garbo». Se aplicó a figuras como Lola Flores y Rocío Jurado, que desbordaban el escenario. Pero ahora hay una política con poderío. También podría tenerlo Dolores de Cospedal, pero le falta un bardo que se lo reconozca, y Rajoy no prodiga esas alabanzas. Y, desde luego, Soraya Sáenz de Santamaría, pero le falta estatura física. Soraya tiene poder, todo el poder, pero no ha llegado a la categoría de poderío.
Susana Díaz, sí. Cuentan las crónicas que hay peregrinaciones de dirigentes socialistas nacionales a su santuario, como si fueran a ganar la compostela. Cada día vemos que una palabra suya serena, altera, confirma o destruye los estados de opinión de su partido. Y es mala cosa para Rubalcaba, porque demuestra que vale mucho más el líder que el proyecto. El proyecto puede ser magnífico, pero como no anuncie la revolución, pasa desapercibido, dura dos días en la prensa y acaba en el archivo. Pero si el líder entusiasma, moviliza al personal, pone de moda el proyecto y levanta las adhesiones.
De Susana Díaz, aunque sea presidenta de una comunidad autónoma, no se conocen resultados de gestión. Si me apuran un poco, tampoco se conoce un programa propio. Y si me apuran algo más, tampoco se conoce alguna gran idea política diferenciada. Pero las sabe decir. Está tocada por alguna gracia que la hace ser superior. Dice eso de «ser referente de la ciudadanía» y parece que está reinventando la socialdemocracia. Hay que tener mucha suerte para eso. Y hay que tener, sobre todo, la fortuna de encontrar un vacío que se necesita llenar.