Después de Dalí y sus relojes sin tiempo, Madrid sigue en plan surrealista, sin necesidad de pisar el coso del Congreso, que también. Una exposición une al surrealismo con una de sus dianas favoritas: el sueño. Más de ciento sesenta obras que traen lo mejor de este estilo hasta mediados de enero. Es en el Museo Thyssen. Están los nombres más importantes y hay obras muy significativas. Está Dalí, por supuesto. Pero también Miró, Breton, Max Ernst, Leonora Carrington, Magritte o Paul Delvaux. Difícil no asomarse y asombrarse con semejante multiplicación de talento. El comisario de la exposición, José Jiménez, justifica con razón lo oportuno de la muestra con los tiempos que vivimos. El surrealismo nació en una época de crisis y hoy vuelve a ser un lenguaje muy cercano para quienes no entendemos nada, que somos la mayoría. «El surrealismo está actualmente en la sensibilidad de la gente. Hoy vivimos una época muy similar a la que nació este movimiento, con una fuerte crisis social y política». No hablamos solo de lienzos. Este estilo fue uno de los primeros en tomar al asalto las armas multimedia y en el Museo Thyssen no falta el cine de Buñuel. La realidad daña los ojos. Hoy, otra vez.