Feijoo no está para bromas

OPINIÓN

02 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Núñez Feijoo reconoció ayer lo que muchos venimos diciendo desde hace tiempo, y lo que a los gallegos nos está costando muchos millones de euros: que la política aeroportuaria de Galicia es «una broma»; que los alcaldes de las dos mayores ciudades están a la cabeza del localismo más aldeano y estúpido que se ejerce en el Finisterre; y que hace mucho tiempo que nadie está poniendo ni orden ni inteligencia en esta carrera por subvencionar a unas compañías aéreas que cada día ganan más dinero y ofrecen peores servicios. Así que por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy plenamente de acuerdo con el presidente de la Xunta.

Lo curioso del caso es que, lejos de estar anunciando un verdadero golpe de timón sobre tan desastrosa materia, lo que estaba haciendo el presidente era enfadarse consigo mismo, reñirse delante del espejo, y dejarnos a todos huérfanos y boquiabiertos. Porque el que tiene la responsabilidad y la competencia para no hacer bromas con los aeropuertos es él. El que inventó la broma de «un aeropuerto, tres pistas» fue él. El que pretende salir del problema coordinando una ineficiencia estructural es él. Y el que debía haber advertido que los aeropuertos también son de Lugo y Ourense -y de Pontevedra, Ferrol y Tui, que con el enfado se le olvidaron-, es él. Por eso cabe esperar que, harto ya de bromas, y después de esta colaboración mía que viene a advertirle que el verdadero bromista es él, empecemos a hacer algunas teorías razonables e inteligentes que nos liberen del marasmo en el que estamos embarcados.

No seré yo quien niegue, sino al contrario, la insoportable levedad del alcalde de Vigo, que lejos de insertar a su ciudad en un proyecto común se está convirtiendo en algo tan absurdo e inútil como un Artur Mas sin Cataluña. Y, puesto que el propio Feijoo lo dice, tampoco voy a discutir que los alcaldes de Santiago y A Coruña, que son del PP, estén bailando al lamentable son que toca Abel Caballero. Pero quiero recordarle a don Alberto Núñez que esos tres tenores, que presiden los concellos más importantes de Galicia, están haciendo localismo y clientelismo sobre los espacios que deja libres el desgobierno autonómico, y que si la Xunta estuviese en su papel con todas las consecuencias nadie estaría obligado a soportar el lamentable espectáculo que ofrecen estas grandes alcaldías.

El discurso de Feijoo es acertado, y da la sensación de que ha descubierto un límite que ya no se puede sobrepasar. Pero ahora necesitamos que el propio presidente se percate de que, quizá sin darse cuenta, acaba de echarse una bronca a sí mismo delante del espejo; que la llaga que ha señalado es a él a quien más le duele; y que el caos de los aeropuertos no es más que una muestra del desbarajuste general de los servicios. Así que, querido presidente, ¡manos a la obra!