La evolución de la inflación está ligada directamente al ciclo económico. En las fases alcistas los precios suben bajo la presión de una demanda que excede a la oferta. Esto es lo que nos ha ocurrido en la fase de expansión que arranca a principios de los noventa y termina trágicamente en el 2008. Con el ciclo depresivo que se inicia en ese año, los precios tenderían a bajar reflejando una demanda cada vez más lánguida y apagada. Pero, en el caso español, no es solo una cuestión de ciclo. A partir del 2008 baja el precio de las cotizaciones bursátiles, baja el precio de los inmuebles y, a partir del 2011, bajan también los salarios nominales y el precio del petróleo se encuentra relativamente estabilizado. Y aun así, en España los precios continuaron creciendo más rápido que en la media de la eurozona.
Esta anomalía -inflaciones acentuadas en un contexto de crisis muy fuerte- se explica principalmente por dos motivos. El primero es el precio de un petróleo que se expresa en dólares y se abona en euros. El precio de un dólar en euros ha aumentado en estos últimos años a un ritmo muy suave, pero ha ido aumentando y añadiendo un elemento adicional de crecimiento de precios en aquellos países, como España, con una dependencia energética muy notable. El segundo elemento, y quizás el más importante, es el aumento de los impuestos. Me refiero al IVA, al impuesto de carburantes, etc. Estos impuestos han crecido intensamente desde el 2008 y, principalmente, la última subida del IVA de hace ahora un año. El IPC anual está bajando ahora debido a que ya se ha digerido aquella subida.
En resumen, desde el 2011 a la actualidad, los precios han subido del orden de un 4 %, si tenemos en cuenta el índice general del IPC. Pero si tenemos en cuenta este mismo índice después de eliminar el efecto de los impuestos (el IPC a impuestos constantes) la subida de los precios no llega a alcanzar el 2 % desde el 2011 hasta ahora. Esto es, en tres años no alcanza el 2 %. Un éxito notable.
Y esto es lo relevante. El sistema económico ha eliminado ya la inflación y lo que falta es que el Gobierno mantenga estables los impuestos que inciden sobre los precios al consumidor. Y esto está muy bien. En el espacio euro, cuando un país mantiene una inflación superior a la de sus socios, su competitividad se deteriora, a veces, de modo irreversible (Grecia, por ejemplo). Una apreciación final. Con inflaciones tan asumibles se entiende la reforma de las pensiones desligándolas del IPC, y las leyes de desindexación de la economía que ha llevado a cabo este Gobierno.
Julio Sequeiros es Catedrático de Estructura Económica de la Universidade da Coruña