La mayor injusticia contra Rajoy


Si algo le tiene que doler a Mariano Rajoy es perder el afecto de las víctimas del terrorismo. Si algo le hiere en el alma es que alguna de esas víctimas, aunque sea una sola, le llame traidor. Ese fue el término de oprobio que el mismo Rajoy había dirigido a Zapatero en un debate parlamentario, y ahora lo tuvo que escuchar, o al menos leer en su transcripción periodística, dirigido a su persona en la concentración del domingo en Madrid. Como ayer señaló este diario, esa concentración se volvió contra el PP, que la había respaldado. Sus altos representantes fueron abucheados y tuvieron que ser asistidos por las fuerzas de seguridad.

Probablemente todo ha sido fruto de la pasión del momento. No se trata, por tanto, de una crítica de fondo ni de un clima de opinión asentado entre simpatizantes y militantes, sino del contagio que produce la masa. Existe indignación por la sentencia que tumba la doctrina Parot y, cuando se trata de expresarla, el poder político es el primer destinatario de las iras. Por eso hubo algún comentarista de tertulia que echó en falta un mínimo grito contra el PSOE. Quizá no tocaba. Lo que se dijo contra ZP o contra el proceso de paz se dijo en declaraciones de personalidades como Ortega Lara o en discursos desde la tribuna.

Ahora, los sensores del PP deben percibir otras peligrosas circunstancias. Por ejemplo, que quizá haya que pagar las faltas de sensibilidad cuando las víctimas están siendo tan sensibles, y con razón. No se puede responder con el famoso «llueve mucho» cuando una periodista pide un mensaje para ellas después del fallo de Estrasburgo. Las víctimas lo han entendido como un menosprecio y, aunque el presidente rectifique, la herida sigue sangrando. Tampoco se puede anunciar que no se acudirá a la concentración. Aunque después se acuda, las víctimas se sienten abandonadas.

La segunda debiera ser todavía más inquietante para Rajoy: los beneficiados de la protesta han sido UPyD y el sector más duro del PP. Para entendernos: se palpaba un claro recreo en vitorear a la antigua dirección del partido en el País Vasco; pero no a la de Basagoiti, sino a la liderada por Jaime Mayor Oreja, que sigue hablando de tregua trampa y alimentando la teoría de acuerdos para llevar a ETA al poder en el País Vasco. Ese PP duro en lo político, aunque liberal en lo económico, es donde están refugiados quienes intentaron descabalgar a Rajoy. Con lo cual, no tengo más remedio que decir: cuídese, presidente. Uno de los dos PP puede romperle el corazón. La daga no está en manos de las víctimas; la usan quienes defienden su liderazgo, pero agitan sentimientos contra usted. Hasta ahora lo acusaron de indecisión. Ahora lo quieren acusar de debilidad.

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