Descuido, desinterés, chapuza

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

04 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Es acongojante. Lo que está ocurriendo y ha ocurrido con los movimientos sísmicos en Vinaroz y el almacén de gas es acongojante. Y lo es por esta razón: si a cualquier diputación provincial se le ocurre hacer una pequeña carretera para unir dos pueblos aislados de montaña, tiene que hacer unos expedientes de impacto ambiental como si fuese a construir una central nuclear. Como el trazado de esa carretera ponga en peligro un hormiguero autóctono que un día descubrió un ecologista que pasaba por allí, adiós carretera: el simple proyecto se convierte en un atentado contra la naturaleza. Y como se supiera lo del hormiguero, habría manifestaciones y las organizaciones ecologistas harían protestas de dimensión multinacional.

En cambio, se monta un depósito submarino de gas con riesgo de provocar terremotos y nadie se preocupa del impacto ambiental hasta que los terremotos se producen por decenas. No recuerdo ninguna denuncia desde que ese almacén está proyectado. Nadie se ha preocupado de crear una mínima conciencia social ni política de los riesgos que corren un indeterminado número de personas y bienes. Y solo cuando los seísmos empiezan a ser gran noticia y salta la alarma en la población, el Ministerio de Industria encarga un informe técnico cuya primera referencia fue divulgada ayer por el ministro Soria: los movimientos de tierra sí están relacionados con el almacén de gas.

Para ser coherentes con nuestra más acendrada tradición política, comenzaron los reproches entre Administraciones públicas. La Generalitat de Cataluña dice que avisó de los peligros al Gobierno central en el 2008. Su consejero de Interior acusó al Gobierno Rajoy de opacidad, supongo que intolerable. Y la Diputación de Castellón, la que estaba presidida por el ínclito don Carlos Fabra, amenaza con querellarse contra los ministros de Industria del bienio 2008-2010. Como en esos años el presidente del Gobierno era Zapatero, el PP ya está tardando en incluir el suceso en el catálogo de la difícil situación heredada.

Dejémonos de historias. Este episodio es un ejemplo más de chapuza hispana. Somos un país prodigioso, capaz de avances tecnológicos como el de inyectar y almacenar gas en una vieja bolsa de petróleo bajo el mar para prevenir problemas de suministro; pero escandalosamente ineficaces a la hora de prevenir riesgos. Cuando se producen los terremotos, nos tranquilizan diciendo que solo son de 4,2 y se quedan tan panchos. Si por un casual tuvieran fuerzas para derribar edificios y matar personas, alegarían que era imprevisible. Pues todo es o debe ser previsible. Pero quizá esperen la primera desgracia para pensar en la seguridad de las personas. También está en nuestra mejor tradición.