De lectura obligada para responsables políticos

OPINIÓN

23 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Sería muy conveniente que los actuales responsables políticos leyeran, o que alguno de sus asesores se los leyesen, los debates parlamentarios sobre la redacción definitiva de la Constitución, por lo que se refiere a la cuestión autonómica. Hubo amplia coincidencia en que se trataba de cerrar un paréntesis, de una reconstrucción del Estado. Recogiendo una afirmación consagrada sobre la voluntad de vivir juntos, se recordó que eso «exige antes estar cómodos para vivir». A ello se dedicaron los esfuerzos que se concretaron en el artículo 2 y el título VIII. Ahora que se ha aireado una pretensión secesionista sería útil repasar algunas de las afirmaciones realizadas en el momento constituyente. No se trata de un interés erudito, sino de subrayar que los debates parlamentarios son un elemento de interpretación de la Constitución, así declarado por el Tribunal Constitucional, aunque él mismo, para su propio desprestigio, lo haya desconocido al menos en dos ocasiones, la última este año.

Se ofrece una corta muestra de intervenciones que pueden resultar significativas en el momento presente. Desde todas las posiciones del arco parlamentario se abundó en la importancia del tema autonómico En relación con él, el nacionalista Roca sentenció: «Por lo que se nos va a juzgar, sobre todo, es por la voluntad que tengamos de respetar esta Constitución». Había que «dejar de lado aquellas cosas que o no son compartidas por la mayoría o pueden provocar divisiones y laceraciones tremendas», contestó el entonces comunista Solé Tura a una propuesta de reconocimiento del derecho a la autodeterminación. Desde la representación del PNV se rechazó la «constitucionalización de ese derecho», que «se reconoce solo a pueblos colonizados».

Se trataba de que las autonomías se construyesen evitando toda noción de privilegio «a la medida de cada uno de los pueblos de España», en palabras del centrista Herrero de Miñón. En el debate de totalidad sobre el anteproyecto, Miquel Roca asumió que «coincidimos todos en alcanzar, por la vía de la autonomía, un nuevo sentido de la unidad de España». Al defender el término nacionalidades sostuvo que es lo que modernamente se llama las «naciones sin Estado». Y en palabras del peneuvista Arzalluz, «quisiéramos encontrar un entronque de esta plurinacionalidad que, al fin y al cabo, se abarca en la unidad del Estado en el artículo 2».