El crimen ecológico

Jaime Gómez Márquez TRIBUNA

OPINIÓN

19 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La naturaleza -bosques, mares, ríos, etcétera- es un bien y una riqueza que hay que proteger por muchas razones: su biodiversidad, su función en los ciclos de materia y energía, su belleza, su utilidad como fuente de recursos, su atractivo turístico, su potencial económico, su vertiente deportiva. La sobreexplotación de los recursos naturales, la sobrepoblación del planeta, la contaminación del medio ambiente y el comportamiento irresponsable de dirigentes políticos, descerebrados y terroristas ambientales están acabando con la naturaleza a una velocidad de vértigo. Las consecuencias de todo ello serán, no lo duden, dramáticas para el planeta y pondrán en peligro, incluso, la supervivencia de nuestra especie. El crimen ecológico es el daño irresponsable, a veces irreparable, que se hace a la naturaleza. Es, pues, un atentado contra la naturaleza y también lo es contra la humanidad. Es una forma de terrorismo frente a la cual no deberíamos permanecer impasibles ni un segundo más.

Un caso particular de crimen ecológico son los incendios forestales que asolan Galicia. Es un hecho comprobado que la inmensa mayoría de los incendios son intencionados. ¿Quiénes son los culpables? El primer culpable de un incendio es aquel que planta fuego al bosque; a esa persona o, mejor dicho, a ese terrorista ecológico habría que identificarlo (supongo que es muy difícil), buscarlo, detenerlo, juzgarlo y condenarlo severamente, algo que por otra parte es imposible que ocurra en España. El castigo ejemplar, ejercido al amparo del Estado de derecho, puede tener un efecto disuasorio importante.

Si tenemos claro quién es el culpable, entonces podremos analizar el siguiente nivel de responsabilidad: los gobernantes o el poder político. Al igual que ocurre con las enfermedades, en el asunto de los incendios es mejor prevenir que curar. Efectivamente, la Administración invierte recursos en la lucha contra el fuego. ¡Faltaría más! Sin embargo, en la prevención, nuestros gobernantes y la sociedad gallega fracasan estrepitosamente. Hay varias razones que explican este fracaso: falta de medios humanos y materiales para prevenir o detectar inmediatamente el fuego, abandono de los montes y mala gestión forestal, despoblación del medio rural por falta de incentivos. Que en Galicia los incendios ocurran más que en otros territorios demuestra también la existencia de un problema cultural y una insensibilidad hacia el cuidado del medio ambiente.

Para una respuesta inmediata a los incendios es necesario crear en nuestros bosques un sistema equivalente a las bocas de riego que hay en las ciudades, y para ayudar en la prevención se podrían humedecer nuestros bosques cuando el período de sequía es prolongado y las reservas de agua son suficientes. Ambas ideas pueden parecerles a muchos descabelladas y muy costosas. La respuesta está en el valor que le demos a conservar lo que queda de nuestros maravillosos bosques.

En este tema, la confrontación política, a veces rastrera, sobra. Todos, gobernantes y gobernados, tenemos que implicarnos en proteger nuestra naturaleza, que no entiende ni de ideologías ni de estrategias electorales.