Rosalía Mera se marchó de repente, sin que nadie lo esperase. Pero antes, con amor de madre, tejió con grandes dosis de conciencia social los mimbres del testigo de su propio imperio. Temperamental, estremecedora de conciencias a favor de los excluidos, ferviente amante de la vida, la empresaria apostó por esos proyectos que otros (ilusos ellos) daban por fracasados. Dura y sensible, contundente de palabra y tierna ante una mirada indefensa, fue conocedora en carnes propias de la alegría que puede dar aquel recién nacido que llegó con un dolor intenso.
Enamorada de su tierra, a la que jamás abandonó para emprender una nueva etapa en Madrid, Londres o París, desde esta esquina del mundo apoyó grandes y pequeños proyectos. Zeltia fue uno de ellos; Inditex, el primero, hacia el que solo tenía palabras de respeto. Sin embargo, mientras en las instalaciones de Sabón se preparaba la salida a Bolsa de la matriz de Zara, Rosalía Mera ponía toda su ilusión en Trébore, con el que se empeñó en demostrar que una empresa social bien gestionada también conoce la rentabilidad. Esta trabajadora infatigable que dio palabra a los olvidados, descansa ya en esa Galicia desde la que tantas veces soñó.