¡ETA-nol!

Jaime Gómez Márquez TRIBUNA

OPINIÓN

Si alguien piensa por el título que se trata de una versión chiquitera del no a ETA, se equivoca. Se trata de un no al consumo irresponsable de etanol (el alcohol etílico), principal componente de las bebidas alcohólicas y una de las drogas legales más peligrosas, que afecta, sobre todo, a muchos jóvenes que beben alcohol en grandes cantidades pensando que sus efectos negativos finalizan después de la resaca. El peligro del alcohol no está en tomarse unas cañas, un cubata o una copa, está en el exceso que puede darse por beber mucho en poco tiempo o por el abuso prolongado de la bebida.

Nuestro cuerpo absorbe el etanol por el estómago y el intestino y de ahí llega a la sangre (la absorción del etanol es mayor y más rápida si bebemos en ayunas; por ello es aconsejable comer mientras se bebe). Aunque una pequeña parte del alcohol ingerido se elimina por la orina y los pulmones (test de alcoholemia), es al hígado adonde llega la mayor parte del alcohol que está en la sangre y donde tiene lugar su transformación en acetaldehído -una sustancia con un alto potencial tóxico- el cual será finalmente convertido en CO2, agua y energía química. El hígado solo puede metabolizar una cantidad concreta de etanol por hora, de modo que su exceso se acumulará en sangre e irá a otros tejidos, pudiendo provocar una intoxicación etílica.

El exceso de etanol hace daño tanto a corto como a largo plazo. Su toxicidad se debe a que altera el metabolismo celular y porque genera sustancias que son altamente peligrosas. Las consecuencias negativas para la salud pueden ser muchas y graves: incremento del riesgo de cáncer, cirrosis hepática, alteración de funciones cerebrales, pancreatitis, interferencia con otras sustancias (drogas, fármacos), impotencia, ginecomastia, esterilidad, daño fetal, problemas cardiovasculares, etcétera. Además, el consumo desmedido de etanol provoca problemas psicosociales.

El consumo de alcohol afecta a nuestra atención al conducir poniendo en peligro nuestra vida y la de otras personas y por eso los controles de alcoholemia son necesarios. Por cierto, si encuentran a alguien congelado, no le den una bebida alcohólica porque provocarán que se enfríe más: el alcohol crea sensación de calor porque es vasodilatador, pero eso mismo hace que el cuerpo se enfríe más rápidamente.

Beber con moderación puede ser un placer y no entrañar peligro alguno. La clave está en no superar nunca el umbral a partir del cual el alcohol se convierte en una droga, que crea dependencia, y en un peligro para el cuerpo, para la familia y para la sociedad. Eso se consigue con autocontrol, con moderación en el consumo y con el deseo de vivir muchos años con una buena calidad de vida.

Jaime Gómez Márquez es catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, USC