Tac anual


Cada uno quiere vivir como le venga en gana. Y tiene derecho a ello mientras su conducta no perjudique los derechos de los demás. Habrá que respetarlo, nos guste más o nos guste menos su estilo de vida. Pero a lo que no estamos obligados es a pagar los platos rotos de conductas claramente temerarias. La libertad tiene como compañera de viaje la ineludible obligación de asumir las consecuencias (positivas o negativas) de los propios actos. Es altamente inmoral esa tendencia cada vez más extendida de querer socializar siempre las pérdidas.

Viene a cuento todo esto por la noticia que recogía ayer este periódico en relación al tac anual para detectar el cáncer de pulmón. No hay mejor medida para prevenir este cáncer que no fumar. ¿Por qué le tenemos que pagar dicha prueba a quien no está dispuesto a dejar de fumar? Sería un absoluto contrasentido: sigo fumando mientras el tac no revela nada? El sistema sanitario público está para otras cosas, no para tirar el dinero de nuestros impuestos. El principio de justicia obliga a ser rigurosos con estas cuestiones. Quien quiera fumar y al mismo tiempo hacerse un tac anual, que se lo pague de su bolsillo: esto no solo no es discriminatorio, sino que lo discriminatorio sería financiar el tac con cargo a la Seguridad Social.

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