¿Debe dimitir Rajoy?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

02 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso, sabemos poco más del caso Bárcenas de lo que sabíamos el miércoles: apenas, lo que no es irrelevante, que Rajoy reconoce su error cuando confió en la inocencia del extesorero del PP y que admite que en su partido, como según él en todos lo demás (¡enorme griterío en los bancos de la oposición!), se han cobrado sobresueldos, de modo que quien lo haya hecho es en cada caso responsable de haberlos declarado fiscalmente.

Por lo demás, aunque sería exagerado afirmar que Rajoy dio ayer un giro de 360 grados para regresar al mismo sitio, no lo es sostener que, en realidad, lo dio de solo un poco menos. Y es que, tras esos dos reconocimientos, el presidente volvió a lo ya sabido: negar radicalmente que lo que denuncia Bárcenas (cuyo apellido, antes innombrable, pronunció 16 veces) sea cierto. Según el líder del PP, ni este tenía doble contabilidad, ni se financió ilegalmente, ni él ha dejado de cumplir sus obligaciones tributarias.

El corolario de todo ello fue proclamar, con palabras tomadas de discursos pronunciados por Rubalcaba, que no se puede condenar a nadie políticamente por haber hecho algo ilegal sin que un juez haya confirmado la veracidad de las acusaciones formuladas contra él. En consecuencia, Rajoy confirmó lo ya sabido: que ni dimitirá, ni adelantará las elecciones.

¿Debe irse el presidente? A fecha de hoy no, desde luego. Y no solo por las obvias consecuencias negativas que sobre nuestra estabilidad económica y política tendría esa dimisión, ni por la evidencia irrefutable de que cualquier escenario parlamentario hoy imaginable surgido de un inmediato proceso electoral dejaría a España en muchas peores condiciones que el actual para luchar contra la crisis. ¿Se imaginan a Rubalcaba gobernando enfeudado en los escaños de Cayo Lara en el Congreso?

No, Rajoy no debe dimitir sobre todo porque no puede exigirse a un presidente con mayoría absoluta que ha ganado las elecciones hace un año y medio que tome un medida de esa gravedad cuando lo que hay encima de la mesa son las acusaciones de un imputado que no han sido probadas en un juicio. Porque, si esa forma de actuar se convirtiese en norma habitual, no habría Gobierno en el mundo que pudiese aguantar una legislatura.

Rubalcaba, que lleva toda la vida haciendo política, sabe mejor que nadie que él jamás dimitiría de encontrarse en el sitio de Rajoy. Esa es su gran debilidad: que, urgido por las prisas de quien tiene de todo menos tiempo, se ha metido en el callejón sin salida de una petición de dimisión extemporánea que, mucho más que dañar al presidente, lesiona la imagen del único partido que podría sustituir al PP en el Gobierno de España si llegase el caso de que Rajoy tuviera, sin remedio, que marcharse.