La consulta socialista

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

30 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace nueve meses el Partido Socialista sufrió una buena derrota en las elecciones gallegas. Fruto de un enredado proceso político interno que se inició la víspera de las elecciones de marzo del 2009 cuando algunos dirigentes decidieron, con menos razón que oportunismo, la sustitución de Touriño. Hasta ahí nada nuevo en la práctica de los socialistas gallegos, al menos desde 1989.

Deudora de estrategias localistas y políticas de café para todos, sin políticas articuladas en el territorio, la industria, la innovación, la educación y los servicios públicos, Galicia se desmorona.

Bajo la proclama estremecedora y visionaria «Más con menos», nos permiten elegir a que término de la ecuación corresponde el paro, la emigración juvenil, el deterioro sanitario y educativo, y las pérdidas de comercios e industria, por no alargar la enumeración y traer a colación los desaparecidos poderes financieros gallegos e incluso alguna de las multinacionales periclitadas.

En estos cuatro años de liderazgo de Pachi Vázquez, asentado siempre en un delicioso congreso, los socialistas gallegos ni levantaron cabeza ni ilusionaron las desgarradas perspectivas que crisis por medio se cernían sobre los gallegos. Participaron en pactos y sus contrarios, apoyaron y dejaron de apoyar políticas de poco fuste y escaso recorrido esbozadas por el gobernante Partido Popular, al tiempo que los más conspicuos de sus dirigentes buscaban el cobijo territorial, y la resistencia en sus aldeas galas, conocidas también -en momentos de grandeza- como ciudades estado.

Todo ello adobado con el paradigma de la militancia y las primarias como órgano de decisión. Objetivos de una lucha titánica entre los valedores de la democracia, la actual ejecutiva gallega, y los interesados aparatos del partido en Ferraz. Este tiempo transcurrido entre la derrota de octubre y la celebración de la «consulta» ha servido para el inmovilismo en el poder, crear un grupo parlamentario con obvias y llamativas exclusiones, mantener los graves problemas de articulación territorial y orgánica y alejar a una gran parte de lo que fue electorado socialista. También para que hipotéticos y transitorios aspirantes a líder opten por ser cola de león que no cabeza de ratón. Pero convocada ya la consulta y cerrada la agotadora investigación judicial a Pepe Blanco que le devuelve todos sus derechos, sin que adversarios ni enemigos se puedan escudar en un «presunto» para sus maldades, las opciones de liderazgo socialista parecen reducidas a dos. Lo que sería de agradecer. Pero no.

Quienes usaron para aplazar debates y renovación el logro de unas primarias a la secretaría general reclaman, llegada la consulta sustitutoria a la militancia, el silencio sobre los candidatos. Más acorde con una ortodoxa elección de abad en monasterio con regla de silencio que con el necesario debate sobre los líderes políticos. Pero lo que encocora de esa reclamación del silencio socialista es la milonga de evitar influencias sobre los pobres, desamparados y atormentados militantes de base, aislados y marginados en sus aldeas. Vivir para oír. También en estos desgarradores días de luto, dolor y sufrimiento.