El país de las diez plagas

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

La verdad es que desde la época bíblica los pobres egipcios no levantan cabeza. Entonces tuvieron que padecer las plagas de los sarpullidos y los bichos -ranas, mosquitos, langostas- que culminaron trágicamente con la muerte de los hijos primogénitos. De aquellos polvos vinieron estos lodos.

Lo que más conozco de la tierra de las pirámides, que no he visitado, es Alejandría, ciudad del poeta Kavafis y escenario de las cuatro novelas de Lawrence Durrell.Hace casi un siglo ya andaban por El Cairo los padres de las letras egipcias, un trío inigualable: Tawfiq Al-Hakim, Taha Hussein y -todavía en pantalón corto y jugando a las canicas- Naguib Mahfuz, al que su obra le acarreó un navajazo en el cuello y el premio Nobel. Cuando Taha Hussein -que a pesar de ser ciego había estudiado en la Sorbona- fue nombrado en 1950 ministro de Educación, decía una cosa a recordar también nosotros: «La educación es como el aire que respiramos, como el agua que bebemos». Poco después llegaría al poder un joven militar llamado Nasser que costaría, en diciembre de 1959 en Sierra Maestra, horas de insomnio al reportero Enrique Meneses, que dormía en una hamaca debajo de Fidel Castro. Fidel lo despertaba en mitad de la noche y le decía: «Meneses, cuéntame más de Nasser». Para entender mejor lo que pasa, les recomiendo que lean El edificio Yacobian, una gran novela reciente de Alaa Al Aswany, o vean su espléndida versión cinematográfica, Yque lean el Cuarteto de Alejandría, aunque solo sea por puro placer.