Todos los estudiantes universitarios son becarios, en el sentido de que la sociedad, a través de los impuestos, paga la mayor parte del dinero que cuesta su formación. La matrícula cubre un mínimo de ese total. Además, hay otros estudiantes que son más becarios, porque sus familias carecen de recursos suficientes y se les exime del pago de matrícula o se les asigna una cantidad que cubre los gastos de subsistencia mientras realizan sus estudios. Los más becarios deben serlo en función de la renta familiar. Y ahí nos topamos con Hacienda y los datos falseados por algunos contribuyentes. Hay que remediarlo.
Como contrapartida se fija un nivel de exigencia que obliga a los más becarios a esforzarse. Es lo que se pretende. Debería de exigirse también un rendimiento equivalente al 6,5 a todo organismo, institución o individuo que reciba una subvención (beca).