Las fincas de la infanta y el error de Montoro

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Hubo errores históricos que, vistos en perspectiva, reportaron notables beneficios a la humanidad. Alguien calculó mal la resistencia de los cimientos de la torre de Pisa y su inclinación se ha convertido en reclamo turístico de primer orden. Colón erró al estimar la distancia que separaba Europa de Asia y descubrió un continente. Los teólogos saben con certeza que Jesús no nació un 25 de diciembre, pero la falsa efeméride nos trajo la Navidad blanca, los villancicos y El Corte Inglés. ¿Quién les dice a ustedes que las trece fincas de la infanta no serán recordadas, el día de mañana, como el «error» que tumbó la monarquía en España? ¿O al menos, en clave de caza menor, como el esperpento que selló la boca al lenguaraz ministro Montoro? No hay mal que por bien no venga, solía decir el titular del DNI número 1, cuyos huesos reposan en el Valle de los Caídos.

Los errores, tan humanos ellos, siempre se perdonan. Montoro lo sabe y por eso califica de «error administrativo» el informe de la Agencia Tributaria que atribuye a la infanta Cristina la venta de trece propiedades por 1,4 millones de euros. Pero el ministro miente: en este caso no hay error. El asunto huele que apesta y el hedor no proviene de una ni de cuatro equivocaciones encadenadas. Y eso también lo sabe.

Un notario, obviamente, puede equivocarse a la hora de teclear los datos de un carné de identidad. Pero solo existe una posibilidad entre 47 millones de que, en vez de los guarismos correctos, coloque inconscientemente el número 14 que corresponde al DNI de la infanta. Que esta extraordinaria casualidad se repita al mismo tiempo en cuatro notarías de distintas provincias raya en lo estadísticamente inconcebible: solo se produce una vez cada no sé cuántos trillones de gazapos. Y si en la cadena de pifias introducimos a los registradores de la propiedad, ya ni les cuento: las astronómicas cifras resultantes no caben en la hoja de cálculo.

Montoro, a través de un comunicado, justifica el despropósito por la «ingente cantidad de información» que maneja la Agencia Tributaria. «Anualmente se reciben y procesan más de mil millones de datos», dice el escrito. Peccata minuta. A razón de mil millones de datos por año, se precisan 4.880 trillones de años para que se produzca un error como el descrito. Hace tan solo 2,4 millones de años que el homo habilis, el antepasado que nos emparenta con el ministro, apareció sobre la faz de la tierra. De haberlo, el monumental equívoco nos ha salido madrugador.

Descartado el error, ¿qué nos queda? Pues todas las hipótesis que su imaginación les sugiera: un fallo informático, descuido de la policía al repartir números del DNI, la broma de algún funcionario graciosillo, la venta simulada de parcelas para blanquear dinero, un complot republicano para acrecentar los problemas de la Corona, una conjura monárquica para desprestigiar al juez Castro... Vaya usted a saber.