Vino a Burgos para ser investido doctor honoris causa y, como siempre, Umberto Eco dejó un poderoso eco de su visita. De una cabeza tan bien amueblada no se espera menos. La efervescencia de Internet llevó rápido al título efectivo y efectista: «La universidad debe ser para una élite». Dicho así, hubo revuelo. Pero la glosa que le acompañaba matizaba. Las universidades están saturadas y masificadas y así los alumnos no reciben la educación pertinente. Eco estuvo encantado en Burgos, porque así podía visitar el monasterio de Silos, de donde había tomado el personaje del monje ciego para su obra más célebre, El nombre de la rosa. Estuvo brillante sobre las brillantes pantallas de Internet: «Internet es una cosa y su contraria. Multiplica las soledades. En teoría te pone en contacto con el mundo, pero en la práctica lo haces parapetado detrás de una pantalla y atrincherado en tu casa o en el trabajo». Y estuvo genial al sumar las palabras crisis y cultura, que tanto asustan: «La cultura no está en crisis; es crisis». Ese y no otro es el motor de la creación. El inconformismo es lo que activa las neuronas. Y los libros siempre estarán ahí, en papel o en tinta electrónica, porque leerlos nos hace más libres. Así de sencillo.