Acerca de Anova y su geometría variable

OPINIÓN

El éxito de AGE en las elecciones autonómicas fue una consecuencia directa del liderazgo personal de Beiras. Y por eso era lógico que los analistas políticos nos hiciésemos entonces dos preguntas de difícil respuesta: cómo van a repartirse los réditos electorales de un solo personaje entre dos fuerzas que se repelen como el agua y el aceite; y hasta qué punto el hiperliderazgo de Beiras es compatible con la creación de una fuerza política estabilizada, bien estructurada y dispuesta a avanzar en dirección al poder.

Dichas preguntas despiertan renovada curiosidad esta semana, ya que entre el sábado y el domingo se celebra la primera asamblea nacional de Anova Irmandade Nacionalista, de la que deben salir las primeras respuestas objetivas y no derivadas de la pura especulación. Por eso quiero hacer algunas reflexiones en contra de lo que ya se intuye como un movimiento asambleario y magmático, antes de que esta ilusión se frustre y deje a Feijoo como lo que ya es: el líder gris que a nadie le gusta, pero que todos consideran como el mal menor imprescindible del pazo de Raxoi.

A estas horas nadie puede dudar de que a Beiras le molan cantidad los tres componentes de su nuevo invento: la coalición esencialmente imperfecta que mantiene con EU-IU, con el Espazo Ecosocialista y con Equo; la proliferación de taifas de poder que solo él puede presidir y unir bajo la indefinida forma de un frente o un movimiento político que entra en ebullición al calor de la calle y de todos los brotes de reivindicación e indignación que allí germinan; y la oferta de una alternativa política de geometría variable en la que pueden militar o no militar diversos líderes y grupos inclinados a babor, pero sin más emplaste posible que el nacionalismo y la izquierda anticapitalista que, al menos en el presente, son también antieuropeos.

Y eso significa dos cosas. Que siempre tendremos un partido para molestar al poder, pero sin tomar jamás el poder. Y que todo el futuro del tinglado -la palabra es tan adecuada como frente o movimiento- depende de que Beiras siga siendo el líder indiscutible e hipertrofiado que todos los militantes y votantes utilizan como si fuese un espejo, ya que solo en él se visibilizan y cobran forma, plana unas veces, y cóncava o convexa -como los célebres espejos del callejón del Gato- las más.

Beiras, el político al que más quiero y admiro, es muy dueño de soñar a su manera el futuro del país que le dio sobradas muestras de confianza electoral, respeto intelectual y legítima representación de la indignación y las reivindicaciones que brotan de la crisis. Pero debe saber que por esta vía no se puede alcanzar el poder. O que, si se alcanza, no se puede ejercer. Porque los electores gallegos nunca van a cambiar lo malo definido por lo bueno por definir. Y bien que lo lamento.