Deberes

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

31 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Lo poco agrada y lo mucho enfada, dice el director de un colegio público cuando se le pide una reflexión sobre la polémica de los deberes escolares. Y en casos como este, en el que la ley dice una cosa y la práctica todo lo contrario, es muy socorrido apelar al sentido común. Ni mucho ni poco, sino todo lo contrario. El problema es que el sistema de medida del sentido común es más variable que el tiempo en primavera. Y ahí empiezan los problemas.

La experiencia parece demostrar que cargar a los críos con tarea extraescolar para reforzar lo que se explica y aprende en la escuela no garantiza ningún éxito contra el fracaso escolar. Más bien al contrario. Hay especialistas que creen que las estadísticas esconden casos de niños desplazados injusta e innecesariamente de un sistema cuyos baremos descansan demasiado en la memorización. Una metodología para la que se ve que las cinco horas que los críos pasan en la escuela son insuficientes.

Si se trata de aplicar el sentido común, nada más razonable que reforzar al que necesita apoyo, dentro y fuera de la escuela. Si se trata de crear hábitos de trabajo, de aprendizaje autónomo, de despertar el interés por la lectura y el conocimiento, no está mal que los profesores les indiquen a los niños y a los padres pautas para lo que se puede (o se debe) hacer en casa. Lo que en ningún caso es razonable es que las obligaciones de chavales de menos de doce años en torno a los libros se conviertan en tediosas y odiadas jornadas, largas como las de las fábricas de Manchester en el siglo XIX. Y que los deberes acaben siendo un castigo para los niños y también para los padres.