Esa tinta electrónica


Nunca creíste que te podía suceder. Tú eras del libro. Del peso del libro. Del objeto libro. De esas páginas que amarillean en los estantes. Tú eras de la importancia de la biblioteca como una extensión de tu persona. De la maleta de viaje con la carga de los libros que intentarías leer en vacaciones. Pero alguien trajo a tu casa un libro electrónico y no lo quisiste tocar. Hasta que una noche decidiste echarle una ojeada. Y caíste. Los libros siguen siendo importantes para ti. La memoria de los libros, las dedicatorias, las ediciones exquisitas, las ediciones de bolsillo que contienen tu pasado... Pero la tinta electrónica acoge muchas bibliotecas. Y la letra puede crecer para que tu vista cansada descanse. Y no es como las pantallas de las tabletas. No hay brillo que fatigue los ojos. La tinta solo despide la luz que despida la genialidad del autor al que estés leyendo. Y en seguida puedes continuar con otro libro del mismo autor sin moverte. Y se te puede hacer el día con ese libro electrónico que de alguna manera son todos los libros que imaginó Borges. Nunca dejarás de lado tus estantes, pero ahora hay sitio para el futuro que es hoy en tu mano.

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