Desmadre absoluto

Pablo Mosquera
Pablo Mosquera EN ROMÁN PALADINO

OPINIÓN

07 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

No sé ya qué es peor, lo mal que lo hacen o lo mal que lo explican. Tengo la sensación de estar ante una generación de políticos profesionales que viven en otra galaxia.

Tengo la impresión de volver a escuchar frases con las que el nacionalcatolicismo nos impregnaba al servicio de dos ideas: el contenido de las bienaventuranzas, para ser mansos, pacíficos y buenos, en el mal sentido de la palabra; la autoridad venía de Dios, y de ahí, la firmeza con la que algunos la ejercían, mientras los mandados, sumisamente, obedecían.

La derecha nos pide paciencia. Nos advierte para que seamos sensatos, ya que la conflictividad laboral no genera empleo -las reformas, menos-. Sigue instalada en la herencia de ZP, a la que añade las zancadillas de la oposición que impiden acuerdos o pactos de Estado para poner otro rumbo que evite el naufragio total.

Tampoco se libran los sindicatos, que, a pesar de su benevolencia con la que está cayendo, son tachados de beligerantes. Y es que no rinden pleitesía a un Gobierno que -no se lo pierdan- «sabe, perfectamente, dónde va y lo que debe hacer».

Me gustaría saber, a estas alturas del desastre, si los partidos políticos se han preguntado: ¿quién confía en ellos?; ¿si están firmemente convencidos de que hacen lo mejor para España y los españoles, al margen de los dicterios de Alemania?; ¿si cada día se despiertan con la sorpresa de que el castigado pueblo español aún no se haya sublevado? Claro que en la oposición las aguas bajan turbias. Ni se atreven a preguntar cómo se pasa, de negar la mayor, a reconocer los sobre sueldos de la calle Génova, sin pasar por el juzgado de guardia. Ni muestran capacidad para encontrar una alternativa, sin complejos de culpabilidad, con dirigentes -Rubalcaba y Vázquez, por ejemplo- abrasados, consumidos por los disgustos, al acecho de la nueva generación de socialistas indignados, dispuestos, con o sin primarias, para terminar los trucos que mantienen poltronas en Ferraz y provincias.

Este país está harto de palabrerías, de banqueros que se jubilan con 80 millones de euros, de mentiras, de viernes de dolores, cada vez que se reúne el Consejo de Ministros y se les ocurre cómo sacarnos del déficit a golpe de austeridad.

Esperemos que a tanto desmadre no se una la temible escisión en ETA, con vuelta a la violencia, poniendo la disculpa de los derechos de sus presos.