Salgan de su isla


Presente: seis millones de parados, dos millones de hogares en los que no entra ni un sueldo, niños que llegan con hambre a los comedores escolares, colas crecientes ante los comedores sociales, constante aumento de las peticiones de ayuda que llegan a la Cruz Roja, Cáritas, parroquias, ayuntamientos y a todas aquellas puertas tras las cuales se pueda obtener alguna ayuda.

Futuro inmediato: el paro va a seguir subiendo y la recesión continuará al menos durante todo este año.

Respuestas: el presidente del Gobierno pide paciencia, afirma que sabe adónde va, ratifica a todos los miembros de un Gabinete que rectifica constantemente sus propias previsiones, para empeorarlas, y se muestra dispuesto a continuar en una línea de actuación cuyos frutos asegura que se verán pronto, aunque hasta ahora solo se haya visto lo contrario. El principal partido de la oposición se debate entre si son galgos (primarias) o podencos (congreso) y cada semana saca una ristra de propuestas de solución a modo de conejos extraídos de chistera o de cuentas sueltas de un collar sin hilo que las conecte. Los dos partidos caen con rotundidad en las expectativas de voto.

Sus líderes hacen declaraciones públicas asegurando que están dispuestos a dialogar, pero continúan impertérritos su marcha hacia el desastre sin dar un solo paso concreto y verificable en la dirección que les exige una sociedad en la que crece la desconfianza y, lo que es aun peor, la desesperanza.

Si no salen con la máxima urgencia de su isla, los molestos escraches serán una brisa comparados con el huracán que el final de la paciencia ciudadana amenaza con desatar.

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