El gran negocio de la AP-9

OPINIÓN

30 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Audasa goza de espléndida salud. En pleno temporal de agua y nieve, con medio país congelado o tiritando de frío, la concesionaria de la AP-9 apenas sufre un ligero resfriado. Las familias no salen de casa o transitan por caminos vecinales, los camiones permanecen en el garaje por falta de mercancía, el tráfico se desploma, pero Audasa resiste. El año pasado, pese a las fuertes provisiones aplicadas, cosechó beneficios por importe de 30,9 millones de euros. Continúa siendo un floreciente negocio privado, prácticamente libre de riesgos, en medio de un país devastado por la crisis. Fortaleza, conviene saberlo, adquirida a costa de los contribuyentes y conservada a costa de los usuarios.

Primero fueron los contribuyentes. Hace más de treinta años, cuando solo estaban en servicio los tramos entre A Coruña y Santiago, y Pontevedra-Vigo, Audasa se estrelló en las curvas de la llamada crisis del petróleo y tuvo que ser rescatada por el sector público. Fue nacionalizada. La compañía se recuperó en el hospital del Estado y, después de una larga convalecencia, abandonó el establecimiento pletórica de salud. Desde 1995 nunca dejó de ofrecer pingües beneficios. En el 2003 era ya la joya de la corona: la autopista más rentable de España. Ese fue el momento elegido por Aznar para privatizarla. Un grupo encabezado por Sacyr Vallehermoso resultó ser el beneficiado del gran pelotazo. De la socialización de pérdidas se había pasado a la privatización de beneficios. Un ejemplo de libro.

Los siguientes paganos fueron los usuarios. Sucedió cuando el Gobierno decidió obsequiar a los adjudicatarios con tres regalos adicionales: ampliación del plazo de la concesión, abandono de la red vial alternativa y autorización de continuas subidas de tarifa. Como consecuencia de la generosa prórroga, la compañía seguirá cosechando ganancias hasta el año 2048 -en vez del 2023- y lo que pierde en número de usuarios lo gana en peajes más elevados. De hecho, en solo trece meses el Gobierno aprobó cuatro subidas. Después de la última, el peaje para un turismo que realice el trayecto Ferrol-Tui asciende a 19,80 euros. Un camión, dependiente del tonelaje, 34 o 43 euros. Parece claro que mientras el bolsillo del usuario aguante, la crisis solo rozará la cuenta de resultados de Audasa.