Vivimos en la sociedad de la información, donde aparecen denominaciones como lobo solitario, concepto que ha pasado del mundo policial al de la información y a la sociedad. Sucede con los terroristas de la yihad islámica que hacen la guerra por su cuenta, bien en España o en EE. UU. Es curioso que el fenómeno del lobo solitario se repita en países tan distintos y alejados, con jóvenes islamistas dispuestos a hacer el mayor daño posible a la sociedad que los había acogido como emigrantes. Son células malignas instaladas en los órganos del cuerpo social que les da vida, hasta que, en un momento determinado, se separan y producen la metástasis y el colapso del cuerpo.
El lobo solitario actúa aislado, camuflado en la vida normal de un emigrante, pero es un joven experto en redes sociales para contactar con las células yihadistas. Recibe instrucciones, ánimo islamista (no islámico que es otra cosa) y consignas de odio contra quienes lo acogen. ¿Es un fenómeno social pasajero? No, porque fanáticos los ha habido siempre, se llamen lobos solitarios o simples terroristas. Afortunadamente, hay expertos cazadores de lobos.