Entre fiambres


No veo yo a la clase dirigente, a las élites empresariales y a los prescriptores de opinión tambaleados por el desmoronamiento imparable de este país que es Galicia. Supongo que la intensidad lumínica de este hongo nuclear que es la catástrofe económica que nos ocupa impide realizar un parte de bajas a la altura de la contienda. Cuando las sirenas antiaéreas dejen de sonar seremos conscientes de que nuestro paisaje industrial ha sido arrasado y nuestra población diezmada en proporciones históricas. Cada zambombazo diario apenas nos aturde y sospecho que no hay ningún zorro del desierto con la estrategia, la táctica y la inteligencia que requieren la situación. La lista de los caídos, heridos en combate y ocupados por capital no gallego es estremecedora. Veamos. Caixanova, Caixa Galicia, Banco Pastor, Pescanova, Caramelo, Atento, General Dynamics, San Luis, Viuconsa, Montoto, Peter John, Toypes, Selmark, Lonxanet, Barreras, Vulcano, Factoría Naval de Marín, Alfageme, Clesa, Construcciones Fontenla, Fadesa, Pizza Móvil, Ence, Leche Celta, Fenosa, Azkar, R, Banco Echeverría... Mezclo cierres, concursos y absorciones para determinar mejor la profundidad del fenómeno que nos asiste. Porque cuando salgamos de esta, el peso específico de la economía gallega, su autonomía productiva y su capacidad para diseñar estrategias de crecimiento basadas en sus potencialidades habrán desaparecido. Esta generación será responsable de no haber impedido que el país sucumbiera a un nuevo colonialismo que nos hará dependientes y sumisos. Vivimos en un estado de emergencia económica y ni siquiera tenemos un gabinete de crisis a la altura de la guerra que libramos.

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