Lo que acaba de suceder en Boston nos lleva a reflexionar sobre el nivel de violencia que vive nuestra sociedad del siglo XXI. Echando la vista atrás comprobamos que anteriormente había guerras con millones de muertos, y en la misma medida que han ido desapareciendo estas confrontaciones militares también han surgido nuevos conflictos armados organizados en el ámbito de la sociedad civil, primero con las guerrillas y ahora con el terrorismo, que actúa sobre la población civil indefensa para enfrentarse a los gobernantes. Esta modalidad de violencia se ha extendido a todos los países, avanzados (EE.?UU.) o atrasados (Afganistán).
Decía Alvin Toffler, en su libro Las guerras del futuro, que las guerras y los conflictos armados evolucionan al compás de las nuevas tecnologías. Por eso los terroristas encuentran hoy sofisticados métodos de financiación, organización e información que facilitan sus tenebrosas actuaciones en un mundo globalizado. Abundan los marginados sociales y políticos que están dispuestos a cualquier cosa con tal de dar a conocer sus reivindicaciones, del tipo que sean. Como resultado, la sociedad civil se ve cada vez más acosada, disminuyendo sus cotas de libertad y de seguridad. Lo podemos comprobar en los controles para viajar en avión.