La fórmula de Feijoo para Pescanova


Si solo fuese cuestión de prestigio y experiencia, reconocidos con medallas y laudatios pregonadas en todos los medios de comunicación, nadie tenía más méritos para dirigir Pescanova que Fernández de Sousa-Faro, ni nadie podía administrar Bankia mejor que Rodrigo Rato, ni nadie tenía más cartas para resolver los problemas de las ITV que Oriol Pujol, ni Nóos podría encontrar mejor administrador que el guapo Urdangarin. Los casos pueden multiplicarse hasta el infinito, porque si algo puso de manifiesto la crisis es que el prestigio es el resultado de controlar el dinero, y no a la inversa; que ninguno de los grandes fiascos carece de un gestor sabio o aristocrático que lo encarne, que las auditoras más prestigiosas del globo certifican «lo que haga falta» si se les paga lo suficiente, y que la opinión pública -que es la que reconoce el prestigio a los gestores «de reconocido prestigio»- es perfectamente capaz de convertir a un príncipe en un villano en menos de ocho horas. Así que mucho me temo que la fórmula dada por Feijoo para evitar fiascos -«pedir que os administradores concursais sexan persoas de recoñecido prestixio no ámbito financeiro e con experiencia abondo»- ya no sirve absolutamente para nada, ni cuando se trata de gestores ordinarios ni cuando se trata de gestores concursales.

Porque la crisis -en lo que tiene de ingeniería financiera, pelotazo, burbuja, timo, despilfarro y desajuste de las cuentas públicas- es obra de los yuppies de diversa naturaleza que hablan un perfecto inglés y poseen un título MBA obtenido en cualquiera de las universidades más prestigiosas del mundo. Y por eso me parece que invocar el prestigio y la experiencia para salir de esta es como poner a los zorros a vigilar las gallinas.

El problema, querido presidente, es el fallo de los controles ordinarios del poder político y financiero; es confiar en liderazgos que nacen como las setas y entregarles las mejores oportunidades y las sumas de dinero más fabulosas -porque este episodio de Pescanova ya no es el primero- sin enfocarlas al interés general; y es envolver determinadas empresas, personas e instituciones financieras en una bandera para poder soslayar las advertencias y críticas, a veces clarísimas, que hacemos la gente de a pie.

Si las auditorías ya no garantizan nada; si al Banco de España y a la CNMV le meten todos los goles por la misma escuadra; si los saneamientos se hacen a medias, y si la doctrina que impera es el ir tirando hasta que cambien los vientos, no hay auditor, ni gestor, ni prestigio que valga. Porque toda la culpa la tienen los Gobiernos, los mecanismos de control que crea y paga el sistema, y los diferentes chiringuitos que andan por ahí gestionados casi todos por ejecutivos experimentados y de reconocido prestigio. Así que menos consejos y... ¡a gobernar!

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