Un país sin fábricas

Manuel Lago
Manuel Lago EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

Galicia va camino de convertirse en un desierto industrial. Prácticamente cada día tenemos noticia de las dificultades que atraviesa un subsector de la industria o del cierre de una fábrica. En muchos casos se trata de empresas que forman parte de nuestra biografía tanto personal como colectiva. Empresas que son las vigas centrales de la estructura productiva del territorio donde están enclavadas. Por eso, cuando se leen sus nombres se encoge el corazón de los ciudadanos, porque nos hace conscientes de la gravísima crisis que estamos sufriendo. Lo más terrible es que son solo la punta del iceberg, la parte visible de un durísimo proceso de desmantelamiento industrial que se está llevado por delante una buena parte de la industria del país.

En los últimos cinco años en Galicia se han destruido más de 62.000 empleos industriales, el 28 % de los que había al inicio de la crisis. Una debacle, porque hemos perdido más de uno de cada cuatro puestos de trabajo industriales hasta quedarnos reducidos a menos de 168.000, una cifra tan baja que hay que retroceder 16 años, hasta 1997, para encontrar otra igual.

En esta crisis se ha destruido todo el empleo industrial que se había creado en más de dos décadas de fase expansiva de la economía en Galicia. Con la excepción, hasta ahora, de la industria alimentaria, hemos perdido empleo en todas las actividades industriales, del automóvil al textil, pasando por la industria de la madera, la minería o la industria química. Nada ha quedado a salvo. Las consecuencias son, y lo serán todavía más, terribles. Porque la industria juega un papel central en la articulación de la economía de un territorio y porque recuperar tejido industrial perdido es una tarea casi imposible.

Las razones de este proceso de desindustrialización en Galicia, y en España, son múltiples, vienen de lejos y sin duda van más allá de la responsabilidad directa del Gobierno. Pero también es cierto que causa estupor e indignación la apatía de la Xunta ante lo que está pasando. Asistimos al desplome de una parte muy importante de nuestra industria ante la pasividad, la inacción, la incompetencia del presidente y de su conselleiro.

No hay estrategia industrial, no asumen sus compromisos en las empresas en crisis, tienen al Igape paralizado y desaparecido. Por eso la Xunta tiene su parte de responsabilidad en esta ola que nos arrasa. Porque ni las personas que estudian en detalle estas cuestiones pueden citar un plan, una iniciativa, una medida significativa real y no solo palabras de apoyo a la industria gallega. Más aún, la gran mayoría tendría dificultades hasta para saber cómo se llama el conselleiro del ramo. La Xunta está siendo irresponsable porque mientras que el presidente habla de barcos, la industria se hunde.