Guiones de España

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

08 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando menos, estamos viendo cuatro películas al mismo tiempo sobre nosotros, es decir, sobre España. Una, la de Bruselas, en la que se nos muestra como una nación aplicada que va cumpliendo sus objetivos con bastante disciplina. Otra, la del PP, en la que se ve que no solo cumplimos, sino que somos un modelo a seguir en todos los sentidos. La tercera, tal vez dirigida por Izquierda Unida, nos revela que todo es un desastre sin paliativos y que hay que cambiar de rumbo urgentemente. La cuarta, aún sin terminar, está rodándola el PSOE sobre un complejo guion en el que, haciendo lo que debemos, sucede -no se sabe cómo- que lo estamos haciendo todo mal porque aplicamos las correcciones necesarias en las partidas o lugares indebidos.

El resultado no es que el ciudadano tenga cada día las cosas más claras. Por el contrario, las simplezas han ganado terreno y nos estamos quedando con los lemas, que se repiten con más pena que gloria. Sin duda, un poco de imaginación impediría la reiteración de tantos mensajes, pero, como señalan los expertos en agitación y propaganda, es en la reiteración en donde está el éxito de las consignas que se pretenden imponer. De modo que no hay escapatoria. Estamos condenados a seguir viendo las cuatro películas todos los días, en todos los medios de comunicación y a todas horas. Y esto ocurre, en mi opinión, porque, en vez de vernos como ciudadanos, nos perciben como borregos que sumar a sus respectivos rebaños.

Confieso que no me gusta nada la actual situación del debate nacional, entre otras cosas porque no se trata de un debate sino de cuatro (o más) monólogos sin altura ni conexión entre sí. Inútil buscar algo distinto. Los guionistas no están dispuestos a alterar nada ni escuchar a nadie. Y los jefes, encantados, porque, en vez de tener que aprender una cantinela nueva cada día, pueden seguir con el raca-raca de siempre, en aras de una supuesta coherencia incontestable. Esto explica la actual ramplonería política y la creciente desafección social, que podemos acabar lamentando.