Tardaron. Pero llegaron fieles a su cita con el aplauso. En esta ocasión al fin hacen justicia. Los hinchas del Madrid aciertan: efectivamente, el portero Diego López es un meta de altura. Casi, casi un genio bajo palos. En Madrid se asustaron con la lesión de Iker Casillas. A pesar de Adán, pronto el club se metió en la operación relámpago con Diego López y acertó. Vaya si acertó. Y es que Diego López es un meta que hace muy difícil que le metan un gol. Es alto. Tiene unos brazos que recuerdan a un pulpo o a los brazos que giran de un parque eólico. Pero encima es rápido. Tiene reflejos. No es instantáneo pero casi. Diego López está en la edad perfecta. Cuando ya se aprendió todo y aún se puede dar mucho. Su llegada ha multiplicado la eficacia defensiva de Mou. No tiene esa respuesta de portero de balonmano de Iker, pero ofrece otras muchas cosas. Es muy fiable. Y los nervios no van con él. Como si una frialdad aprendida en su pueblo de Lugo le hiciese olvidar que entre el delantero y el gol solo queda él. Después de Miguel Ángel, de Buyo, llega Diego López, ¿para quedarse?