Por qué a Rubalcaba se le aja la mayonesa

OPINIÓN

Todos los males del PSOE empezaron el día en que Zapatero prometió que, en relación a la reforma estatutaria de Cataluña, haría todo lo que dijesen los catalanes. Porque, renunciando con tanta sencillez a pilotar un proyecto para España, estaba certificando que el PSOE había entrado en la era cortoplacista, y que todas sus decisiones, acuerdos y coaliciones quedaban supeditados al objetivo de ganar o mantener el poder. Desde entonces el PSOE no hizo más que dar tumbos, perdiendo en cada roce una arista, en cada discurso un poco de coherencia y en cada elección algunos diputados. Y por eso se ha convertido en una bomba de racimo a punto de estallar, que va a dejar sobre cada autonomía una mina peligrosa que puede estallar a su vez.

La base teórica de tanto dislate es la convicción de que en su discurso puede caber todo, aunque sean ideas y conceptos contradictorios; que en su organización funcionan a la vez la unidad y las ocurrencias lógicas y estratégicas creadas a la medida de personajes de ínfima relevancia; y que todo eso va a quedar definitivamente emplastado -¡y sumado!- cuando los españoles descubramos -¡vaya novedad!- que Rajoy hace recortes al dictado de Merkel y financia su partido al viejo estilo Filesa. O sea, que esperan un milagro.

Lo último, obviamente, es el derecho a decidir, que el PSC condujo a su bola, protegido por las sutilezas retóricas de Rubalcaba, hasta meterlo en un callejón sin salida. Porque el PSC solo trabajó para Mas y Junqueras, como si no se hubiese dado cuenta de que el «derecho a decidir» es, con todas las letras, el derecho a decidir el futuro de España, y que ese derecho solo está pensado para decir que sí -que quieren la independencia-, ya que la posibilidad de mantener la integridad del país no cabe -porque lo reduciría todo al absurdo- en la cabeza de los que iniciaron el proceso. Pero Rubalcaba quiso creer que el derecho a decidir puede ser también «decidir que no», o decidir otra cosa, y servir a España y a su identidad mediante algo que, teniendo sentido para ERC y CiU, suena a payasada en el ser y la historia del PSOE. Y por eso estallan ahora, con detonante PSC, el grupo parlamentario y el partido, en una deflagración que, contextualizada en el discurso y la dirección de Rubalcaba, resulta muy lastimosa.

Multar ahora a los diputados del PSC es como una rabieta infantil -y en buena medida, ilegal- ya que no se puede sancionar a un diputado por votar libremente en tema de singular trascendencia, que pone de manifiesto hasta qué punto el PSOE ha perdido -¡cómo duele decirlo!- sus papeles, su norte y su sentido del ridículo. Y cómo Rubalcaba nos arroja, impotentes, hacia el PP de Rajoy, Bárcenas y De Cospedal. Porque el PP -¡un desastre!- aún tiene algo de lógica, mientras el PSOE -¡otro desastre!- solo nos ofrece retórica.